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lunes, 28 de mayo de 2018

El futuro por venir: la lucha contra el envejecimiento

El pasado viernes 25 de mayo tuvo lugar en la Fundación Telefónica un nuevo evento dentro de la temática "El Futuro X Venir". En esta ocasión concreta, el divulgador científico Pere Estupinyá presentaba al investigador Juan Carlos Izpisúa y al traumatólogo Pedro Guillén, que vinieron a hablarnos sobre los últimos avances en reprogramación celular y medicina regenerativa, respectivamente.

Comenzó Juan Carlos Izpisúa, farmacéutico y bioquímico que dirige una cátedra en el Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk (California). Abría con un salto temporal: del Proyecto Genoma Humano del 2000 a la llegada de la Escritura del Genoma en 2018. 
Sí, porque en el año 2000 pudimos leer nuestras letras del ADN, pero ahora podemos ser capaces de cambiarlas, con extraordinarios efectos en nuestros organismos. O, al menos, estamos muy cerca ya de hacerlo en humanos.

¿Qué usos prácticos puede tener editar nuestro genoma? 
1 - Antes de la fecundación: Podríamos corregir enfermedades cuya base genética está en el ADN mitocondrial del óvulo que aporta la mujer, para facilitar que el niño nazca sano. Se estima que 1/200 madres tienen una alteración en el ADN mitocondrial, relacionado con varias patologías (diabetes, ordera, enfermedad de Leigh...). Ya se ha logrado con éxito en ratones.
2 - Durante el embarazo: todavía es difícil, ya que se encuentran dificultades para actuar sobre células que no se dividen, como las del cerebro o miocardio. Pero la técnica HITI está avanzando a nivel celular, y dentro de poco se podría borrar el cromosoma extra del síndrome de Down, una vez se diagnosticara durante la gestación.
3 - En el adulto: En el caso de la retinitis pigmentosa, un tipo de ceguera, se ha conseguido restablecer la proteína perdida en roedores adultos, y su uso se busca extender a órganos de todo tipo.

Pero Izpisúa se guardaba lo mejor para el final: 
¿Cuál es el mayor factor de riesgo de cara a enfermar?
El alcohol, la falta de ejercicio físico, una mala dieta...

No, nada de eso, el envejecimiento. Sí, porque a medida que vivimos, nuestras células acumulan interacciones con el medio ambiente que debilitan nuestro funcionamiento global. Sí, de eso habla el epigenoma, de cómo se puede regular a nuestros genes en cuanto a su expresión o a su silenciamiento, sin llegar a tocar su secuencia. Lo hacemos continuamente, a veces nuestros hábitos determinan que un gen se exprese en mayor o menor medida.
En torno a este punto, se han desarrollado avances sorprendentes, como el borrado epigenético de un célula con la técnica del PGA, borrando - mucha atención - sólo aquellas modificaciones malignas. Esto se ha conseguido en ratones con disfrofia muscular y en otros con progeria, sin tocar la secuencia mutada se ha logrado revertir la situación patológica en unos niveles muy altos.


Sigamos con la última sorpresa que nos tenía preparada Izpisúa. ¿Por qué envejecemos? ¿Cómo detecta nuestro organismo el paso del tiempo?
Atención: por los ciclos del día. O por el Sol, que es lo mismo. Casi el 70% de los genes siguen un ritmo circadiano en su expresión, y este ritmo cambia con la edad. El reloj circadiano de las células de un joven es mucho más agudo en la expresión génica que la de un anciano. ¿Qué nos lanza el científico a modo de reflexión futura? Pues... que quizás podríamos modificar el núcleo supraquiasmático de nuestro cerebro para evitar que mande señales de seguir el ritmo circadiano a nuestras células, que serían entonces de nuevo jóvenes...

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Si lo ya dicho fuese poco, el traumatólogo Pedro Guillén, creador de dos técnicas: la artroscopia sin cables (WAD) y una técnica propia de implante de cartílago (ICC), nos habló de la medicina traslacional. Esta medicina busca amortizar la inversión de la investigación básica, aplicándola a contextos terapéuticos reales. Mostró un fragmento precioso de Lope de Vega que reproduzco aquí para ilustrar que nuestras ideas se hacen realidad a una velocidad pasmosa:

Verdad que desmerece,
por parecer mentira,
pues más de ciento en horas veinticuatro,
pasaron de las Musas al teatro.

La célula es una enorme oportunidad terapéutica, y la medicina regenerativa está usando todo el potencial de estos laboratorios de nuestro cuerpo. En este campo, Guillén busca regenerar el tejido perdido utilizando células autólogas que mediante divisiones celulares progresivas reeemplacen y mantengan, por ejemplo, el cartílago. Ha conseguido tratar con éxito a cientos de pacientes en sus novedosas intervenciones.

Investiga genes y epigenoma para ampliar su conocimiento en cómo modificarlos, porque también está interesado en potenciar el retraso del envejecimiento junto a Izpisúa, ya que ambos son compañeros y grandes amigos. Según él si no se suma, no se optimiza.

Lo más excitante del futuro es ver cómo se va haciendo presente.




martes, 3 de diciembre de 2013

Cerveza Guinness y el t-test de Student

William Sealy Gosset, químico y matemático de formación, trabajaba desde 1899 en la fábrica de la famosa cerveza irlandesa Guinness, en Dublín. Eran los propios directivos de la fábrica quienes buscaban a personas como él, con los mejores expedientes de Oxford y Cambridge, para aplicar sus conocimientos bioquímicos y de estadística al proceso de producción de la cerveza negra.

Las fábricas de cerveza han hecho interesantes aportaciones a la ciencia matemática en sus controles de calidad. Por su puesto de trabajo, Gosset estaba interesado en problemas que implicaban un bajo número de muestras, por ejemplo las propiedades químicas de cebada cuando puede haber únicamente 3 muestras a analizar. De este modo, Gosset acabó desarrollando el t-test como una forma económica de controlar la calidad de la cerveza, a partir de seleccionar matemáticamente las mejores variedades de cebada.

Dado que anteriormente un trabajador de la fábrica había publicado resultados secretos sobre los procesos industriales del negocio, la política de Guinness prohibió después a sus trabajadores hacer públicas sus averiguaciones en artículos científicos, por lo que Gosset paradójicamente tuvo que esconderse para dar a conocer sus avances (otra versión comenta que Guinness no quería que los competidores supiesen que la fábrica usaba el t-test para el control de calidad de la materia prima). Gosset publicó un artículo en la revista Biometrika en el año 1908, The probable error of a mean, bajo el pseudónimo "Student" para evitar que en Guinness le descubriese su superior. 

Después vinieron importantes contribuciones por parte de Fisher al descubrimiento, pero este fue el momento a partir del cual el t-test de Student se volvió famoso y empezó a aplicarse extensivamente en análisis estadístico. La gran mayoría de científicos ha oído hablar de él, incluso lo ha utilizado. Los que se preguntan quién era ese tal Student del t-test y la distribución de Student, ahora saben la respuesta.

lunes, 14 de octubre de 2013

De la nada puede salir algo: la antimateria

Uno de los avances más espectaculares de la física en los últimos tiempos ha sido el descubrimiento de la antimateria y su relación con la materia

La antimateria es, como define su nombre, lo opuesto a la materia. Es decir, son las partículas exactamente opuestas a las que definen la materia y, al ponerlas en contacto con su complementario en materia, darían lugar a la aniquilación mutua de ambas partículas - tener en cuenta que suele haber también desprendimiento de radiación muy energética y otros componentes subatómicos. Es un concepto complejo que requiere no poca imaginación, ya que al tenerlo en cuenta debemos pensar en que todas las partículas subatómicas y los propios átomos pueden tener su opuesto en este universo, y encontrarnos así con algo como, por ejemplo, el antihidrógeno. 

La teoría que proponía la existencia de antimateria ya desde la ecuación de Dirac en 1928, ha sido confirmada posteriormente al poderse hallar y crear las antipartículas que pueden ser consideradas antimateria, tales como el positrón o el antineutrón, que son opuestas al electrón o al neutrón, respectivamente. Así, un positrón (antimateria) al unirse con un electrón (materia), darían lugar a una complementariedad que generaría una aniquilación mutua: la nada, con un gran desprendimiento de energía en ese momento.

La antimateria ha supuesto una revolución para los físicos. Pese a su costosa producción y manipulación, las atractivas posibilidades que ofrece la antimateria incluyen la futura creación de nuevos combustibles o de formas de luchar contra el cáncer. Sin ir más lejos, a algunos lectores le resultará familiar la tomografía por emisión de positrones (PET), un sistema de escáner cada vez más extendido y que busca positrones que se generan in situ para ser detectados por el sistema.


El estudio de la antimateria continúa también para ofrecernos respuestas a preguntas como la de qué pudo haber ocurrido previamente al Big Bang.  Y la antimateria ofrece una jugosa explicación que aún está por ser probada: si la unión de materia y antimateria lleva a la nada, podríamos plantear el proceso al revés. ¿Por qué de la nada no podrían salir antimateria y materia? Ese podría ser una posible explicación a la nada existente antes del Big Bang, que de ser así se explicaría por sí misma, como reactivo necesario para la creación de partículas y antipartículas.

Esta fase reversa plantea la posibilidad de completar casi por completo la explicación del origen del universo. Pero claro, debe ser probada experimentalmente para comprobar su viabilidad, cosa que no parece sencilla. Y también debe contestar interesantes cuestiones, cómo por qué si en el origen hubiese las mismas cantidades de materia y antimateria, ahora se encuentra tan poca antimateria en comparación con la materia existente. 

Sin embargo, es una teoría muy interesante que podría acercar a la ciencia a resolver de una vez por todas una de nuestras más famosas dudas.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Violencia y cambio climático


Hace ya algunos años, mientras leía en el libro Química Ambiental de Colin Baird sobre las posibles implicaciones del cambio climático, encontré algo curioso. Aparte del bien conocido riesgo de elevación del nivel del mar o del advenimiento de temperaturas extremas, en el texto se afirmaba que había indicios para creer que la criminalidad aumentaría. Se comentaba que había estudios que relacionaban la violencia generada por humanos con el aumento de temperatura.



Es un hecho que me había parecido curioso pero no le di mucho más crédito, hasta que hace unas semanas lo volví a ver. Esta vez en la prensa (BBC, Clarín). Se hablaba de un vínculo importante entre violencia y el cambio climático, en un estudio de un equipo de científicos de la Universidad de California que ha aparecido en la revista Science. Para ello ponen como ejemplo varios conflictos que se han visto aumentados en los últimos años y donde ha habido un incremento notable de la temperatura, tales como la proliferación de choques étnicos en Europa y guerras civiles en África, crímenes durante el año pasado en EEUU, sequías en India que ocurrieron a la vez que varios casos de violencia doméstica... Los investigadores declaran que a priori los datos ya sugerían un comportamiento por el estilo, pero que las sospechas quedaron confirmadas al realizar una estadística en toda regla.


Se sugieren dos posibles hipótesis que expliquen el comportamiento. Por un lado, el aumento de temperatura puede producir sequías, con la consecuente escasez de recursos que conlleve a las poblaciones a migrar y a que se puedan producir choques violentos por invasiones, ocupaciones o aglomeraciones. Por otro, también apuntan a que puede existir un componente fisiológico, mediante el cual las conductas humanas se vuelven más agresivas en presencia del calor.

Las investigaciones aún deben esclarecer los verdaderos motivos que expliquen esta relación. Pero la evidencia resulta inquietante, más aún si tenemos en cuenta que vendrán más y más grados...

martes, 28 de mayo de 2013

Demasiado afán por lo radiactivo


En 1918, Laboratorios Radio Bailey, Inc, Nueva Jersey, comercializó Radithor bajo el lema "una cura para los muertos vivientes". Se presentaba así como un remedio universal que además lograba en el paciente "una alegría perpetua".

Como muchos bien habrán deducido ya, Radithor contenía una solución de agua destilada de isópotos de Radio 226 y 228, ambos altamente radiactivos. Era la época de bonanza para la radiactividad en el campo de la salud y el bienestar, pues aparte de los estudios de la época de Curie no se sabía aún mucho sobre estas sustancias y muchos las veían como portadoras de efectos beneficiosos. 

No dudaron ni tardaron en sacar partido a esa idea. Aparte de Radithor también surgieron cremas para la cara, dentífricos y hasta supositorios con cantidades de sustancias radiactivas que llegaban a niveles más que moderados.

Pero volvamos a Radithor, esa deliciosa panacea. Su éxito no duraría mucho. Radithor se retiró del mercado cuando Eben Byers, un hombre de la alta sociedad americana, murió en 1932 tras haber consumido cerca de 1.400 botellas de Radithor. 


Ese afán le llevó a perder la mayor parte de la mandíbula. En la insólita imagen superior podéis ver cómo la luz que desprenden sus dientes refleja la radiactividad que contenían. 

Radiactividad que claro, ya estaba demasiado extendida también por el resto de su cuerpo. Y es que al morir, el cadáver de Byers almacenaba tal nivel de radiactividad que hubo que enterrarlo en un ataúd revestido de plomo.

De todas formas, tranquilos. Los productos milagro de hoy en día no serán tan peligrosos, estoy seguro.

Extraído de Ian Crofton, 2010, Science without the boring facts

miércoles, 13 de marzo de 2013

Venimos de un incesto galopante

Una reflexión que a algunos les escandalizará y a otros les hará sonreír...

Vamos a pensar en tus antepasados, recorreremos la historia de por qué estás aquí, ¿de acuerdo? * Si te das cuenta, todos los humanos, como tú y como yo estamos aquí gracias a un intercambio cromosómico entre dos personas: hombre y mujer. Vamos a contar el cuento de tu vida hacia atrás...

- Tú como ser humano eres fruto de la unión de tus 2 padres. 
- A la vez, ellos provienen cada uno de otra pareja, por lo que tienes 4 abuelos. 
- De esos abuelos se deduce que tienes 8 bisabuelos.
- 8 bisabuelos que nacieron gracias a tus 16 bisabuelos.

¿Ya lo ves, no? A cada paso que damos hacia atrás: número de antepasados = 2n. Efectivamente, esa n del exponente es el número de generaciones que contamos desde la tuya hacia atrás, y cuanto más grande se hace n, el número resultante es mayor. 

- Fíjate, hace 10 generaciones, tuviste que tener 210 = 1024 familiares en esa generación, 1024 tatara-tatara...abuelos.
- Hace unas 20 generaciones, nos dan 220 = 1.048.576 personas. Muchos como para juntarlos en la cena de Navidad, ¿no?
- Y si nos vamos unas 60 generaciones atrás, allá por la época de Jesucristo, 260 son los antepasados que se juntaron para acabar creando a toda tu posterior familia. El resultado es de, bueno, no lo voy a escribir pero son más de un trillón de personas. 

Ese último resultado no es posible, teniendo en cuenta que ahora mismo hay en la Tierra 7 mil millones de humanos y no va a haber recursos para muchos más. Un trillón de personas a la vez nunca llegaron a existir. ¿Qué te quiero decir con esto? Nuestros antepasados se han reproducido mucho unos con otros para hacer posible que estés aquí. No había un trillón de personas hace 2000 años, pero si billones de intercambios cromosómicos entre unos pocos (algunos participarían de la reproducción mucho más que otros, seguro).

De manera que eran muchas menos personas mucho más relacionadas ente sí. Si a este hecho le sumamos que antes no había tendencia de viajar tanto como no es posible ahora, es casi seguro que muchas de estas relaciones sexuales fructíferas tuvieran lugar en zonas geográficas muy próximas. 

Es decir: que provenimos de relaciones muy endogámicas, por no hablar de lo que podría ser un incesto galopante. Eso implica y explica que todos compartamos tanta semejanza en nuestros genes. En el fondo, todos los seres humanos somos una gran familia unida, eso suelen decir, pero creo que ahora te he convencido de que lo somos mucho más.

*Una adaptación de un ejercicio interesante de Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson

martes, 12 de febrero de 2013

¿Por qué la ciencia no es cultura general?


(Recomiendo que mi postura hacia la ciencia se lea también desde esta otra entrada)

Una duda que siempre me he asaltado es por qué la ciencia no se considera a muchos efectos parte de la cultura general. Parece que damos por supuesto que las letras y las artes formen parte de ese saber que todo el mundo debería llevar dentro de su cabeza, pero en las ciencias no están a la misma altura ni de lejos.

Lejos de querer empezar una clásica batalla contra los de los campos de letras y artes, os diré que esa no es mi pretensión. Al contrario, los que me conocen ya saben que las letras me apasionan tanto como al que más y, aunque en las artes sí que me falta algo más de formación, no por ello dejo de sentir las manifestaciones artísticas e intentar saber un poco más cuando tengo ocasión. Considero que una persona completa necesita de las letras y las artes, así como también de un equilibrio físico y emocional. Pero creo que en este prisma también es necesaria una comprensión más profunda de las ciencias en las que muchas personas, tristemente en mi opinión, andan por debajo de la media. 


No es difícil poner ejemplos. Alguien que diga que no ha leído a Cervantes, que presuma de no saber en qué años se desarrolló la Guerra Civil o que reconozca públicamente que no atina a citar un cuadro de Goya sería considerado (y con mucha razón, debo decir) una persona poco culta. Pero es curioso que para con la ciencia tengamos mucha más condescendencia. No culpamos de inculto a alguien que no sabe decir dónde está el bazo, que no sabe quién fue Gregor Mendel o a otro que nos dice que cuando el agua de una cazuela está hirviendo, si elevamos el fuego bajo ese recipiente conseguirán que se eleve la temperatura y que los alimentos se cuezan antes.

Yo lo veo todo con los mismos ojos. Y cuesta creer que, habiendo avanzado tanto el conocimiento científico y siendo las teorías y los descubrimientos cada vez más protagonistas de las noticias y del mundo en que vivimos, esta concepción de la ciencia no haya cambiado en los últimos tiempos. 

Una posible explicación la podemos encontrar en que, comparado por ejemplo con Reino Unido, donde la ciencia ha sido muy importante y reconocida históricamente; no ha ocurrido lo mismo en este país por adolecer de un despertar tan tardío del interés científico. Sí, aquí la ciencia parece que es para los especialistas, y está sacada en gran parte fuera de la cultura general donde predominan las letras y las artes. Pero es hora de que eso cambie. Un pensamiento científico completa el esquema cognitivo de la persona y le ayuda a desenvolverse mejor en la sociedad.

En la enseñanza primaria y secundaria las ciencias tienen un peso importante, pero que hay que decir que el espacio lectivo ha ido a menos respecto a los planes originales del anterior BUP. Esto debería corregirse, así como facilitar que las enseñanzas en ciencias sean más prácticas y creativas porque estimularían su aprendizaje. 

Para mí, uno de los avances más acertados que se han producido para enderezar esta situación de la ciencia en la cultura general y que llegue así a más gente ha sido la implantación de la asignatura Ciencias para el Mundo Contemporáneo, una asignatura que es obligatoria para todos los alumnos de 1º de Bachillerato. Dejando aparte mi vendetta de que los alumnos no científicos aprendan ciencia cuando el resto aprendemos todo lo suyo, lo cierto es que esta asignatura es útil para todos porque se aprenden muchos conocimientos que permiten entender los avances científicos en los medios de comunicación y formarse una opinión crítica al respecto, a la vez que se da una asignatura sencilla y con un gran enfoque divulgativo,



Pero como no podía ser de otra forma, el ministro José Ignacio Wert ya ha arremetido contra las Ciencias para el Mundo Contemporáneo y ha eliminado esta asignatura en su nuevo proyecto de la Reforma de la Ley Educativa. A mi juicio, un tremendo error del cual desconozco los beneficios, pero del que apunto como insigne fallo que impide a los ciudadanos del futuro formar un criterio científico cada vez más necesario del mundo en el que les va a tocar vivir.

domingo, 20 de enero de 2013

La ciencia es una cosa, el cientificismo es otra



La ciencia es una herramienta práctica y universal.

- Lo que la hace tan práctica es que ha probado que es posible comprobar fenómenos a base de pasos que son demostrables. Cualquier pretensión científica, por compleja que parezca, puede descomponerse y analizarse paso a paso, pues las bases se sustentan en todo momento en pruebas.

- Esa capacidad de ser reproducible y contrastable ha dado lugar a su universalización. Si uno quiere analizar lo mismo que describe otro estudio científico y dispone de los mismos materiales puede demostrarlo por sí mismo, donde quiera que se encuentre. Así mismo, lo que él descubra puede ser contrastado en otro sitio siguiendo el mismo proceso descrito por su autor.

El auge de las ciencias que hoy conocemos como ciencias modernas, ha dado un vuelco a nuestro modo de entender y explicar el mundo. Los avances derivados de las ciencias han sido, son y seguirán siendo impresionantes y tienen una importancia creciente en el progreso y bienestar de la humanidad en la medida en la que ayudan a mejorar nuestros problemas.

Dentro de las consideradas ciencias modernas se engloban en dos grandes bloques: las formales (lógica y matemáticas) y las empíricas. Estas últimas se dividen en las que estudian la naturaleza (físicas, biológicas...) y en las ciencias sociales (economía, sociología, historia...)

¿Por qué cuento esto? A mí me gusta la ciencia como proceso para encontrar solución a nuestros problemas, y como método de pensar en algunas ocasiones, como me veréis defender en este espacio. Sin embargo, creer que las ciencias modernas, debido a su carácter en el que todo se prueba, es el único método válido para explicarlo todo es un error que se explica por sí solo.

Creer que la ciencia puede dar respuesta a todas nuestras preguntas, creer eso no es una respuesta seria. Implicaría decir que no tenemos nada que aprender de la filosofía o del arte.
O del campo de las emociones.

Por ello quiero dejar claro, ahora y para posteriores reflexiones, que aunque la ciencia sea una herramienta llamativa y poderosa, reducir todo conocimiento al saber científico recibe un nombre: cientificismo.

Y el cientificismo, para mí, no es nada positivo, pues la realidad se puede concebir y explicar de muchas otras formas, así como habrá otras formas de sentir realidades que jamás se explicarán de forma científica. Esa es otra de las maravillas de la riqueza de la pluralidad que está tan presente en tantos ámbitos de nuestra vida.

Tengamos muy en cuenta a la ciencia, pero conviene recordar que no es única y omnipotente, sino que es una pieza más para comprender y disfrutar descubriendo este vasto universo.

miércoles, 16 de enero de 2013

Mala Farma


Bad Pharma : How drug companies mislead doctors and harm patients
Ben Goldacre
Fourth Estate

Tras acabar de leer Mala Ciencia, me quedé con las ganas de saber más de Ben Goldacre, ese médico de pelo alborotado que había puesto en su sitio a los farsantes de la pseudociencia. Cuando descubrí que su segundo libro se llamaba "Bad Pharma", decidí que tenía que hacerme con él cuando antes. Por ahora, slo está en inglés. Lo pedí por Amazon, siendo la primera vez que uso esta tienda virtual, y poco más tarde me llegó de Reino Unido este indescriptible volumen que intentaré describir. 

El libro tiene una forma graciosa de medicamento (aunque no por sus dimensiones) y en la cubierta ya avisa de que "la industria farmacéutica tiene serios efectos adversos". Lo que no te imaginas es que de verdad puedan ser tantos.

Aviso a navegantes: Todo el mundo debería leer este libro, y los profesionales de la sanidad más. En el se habla de cosas que nos afectan a todos y en las cuales hay mucha gente metida.

Goldacre, que en el anterior libro ya había esbozado finamente en un capítulo un ataque contra la industria farmacéutica, aprovecha para explayarse a lo grande en esta ocasión. La tesis ya aparece descrita en el subtítulo y es el trasfondo último de cada una de las enseñanzas del autor: debemos tener en cuenta que todas estas tramas oscuras de las compañías farmacéuticas acaban por confundir a los médicos sobre cuál es el mejor tratamiento para sus pacientes y, por ende, acaban traduciéndose en daños graves a los pacientes (sí, incluso muertes).

Esto, que puede sonar muy fuerte y exagerado, encuentra en el libro su perfecta demostración: casi cada afirmación que se dirige está perfectamente referenciada y al final del libro se puede encontrar una extensa bibliografía al respecto que ocupa más de treinta páginas. A eso ya nos tiene bien acostumbrados Goldacre, que es inigualable al manejar correctamente la información científica.

¿Pero qué cuenta Bad Pharma? El encanto es tener ocasión de leerlo porque habla de tantas malas prácticas en este tipo de industrias que llegas a quedar saturado de información, pero lees porque quieres saber hasta el último rincón oscuro de estos negocios. Y la verdad es que, pese a lo mucho que ya se sabe, este libro arroja casi exclusivamente cosas que se desconocen. 

La base del libro son los ensayos clínicos, que aportan información objetiva de qué fármacos funcionan mejor o peor que otros, cuáles son sus efectos adversos, qué usos pueden tener, etc. Necesitamos ensayos clínicos para saber la verdad sobre los fármacos que los médicos prescriben a diario. Pero la industria, en parte, tira por otros derroteros.
Para resumir un poco los contenidos voy a basarme en la división que el propio libro establece:
  • Missing data: el libro comienza fuerte con el que quizás sea el concepto más preocupante. Muchos ensayos clínicos no ven la luz porque la industria los tapa. Esos informes ocultos contienen información que no favorece a sus productos, mientras que los que le benefician sí que se publican.
  • Where do new drugs come from? Un breve repaso al nacimiento de los nuevos fármacos, con especial detalle a las manipulaciones que pueden ocurrir en cada fase antes de salir al mercado y cómo saltarse las regulaciones con arte y estilo.
  • Bad regulators: los reguladores tienen acceso a toda la información, pero no están por el lado de la transparencia. Quizás deban favores a las industrias y deciden con cuentagostas qué información sale a la luz pública. Generalmente, aparece aquella que la industria quiere dar.
  • Bad trials: errores en el diseño, realización o análisis de los ensayos clínicos. Diversas formas de hacer que tu fármaco sea mucho mejor de lo que parece y arquitectura para taparlo al máximo en la información que se ofrezca.
  • Better trials: Una idea del autor en base a cómo hacer mejores ensayos, es decir, más transparentes, sin aumentar por ello el coste. No es mala, pero falta hace que todos se pongan de acuerdo.
  • Marketing: No podía faltar un tour por la publicidad, los visitantes médicos, las conferencias, los bolis de regalo y otras lindezas de la industria farmacéutica para vender tanto a médicos como pacientes lo espléndido de su género.
Tengo que decir que, aparte de la meticulosa construcción en base a las pruebas sobre la que escribe el autor, hay temas que, hasta donde yo sé, son ciertos o tienen todas las papeletas para serlo. Hay muchos ejemplos y no voy a entrar en todos ellos, pero por citar algunos: yo ya estaba enterado del fiasco del Tamiflu y del Iressa, me sonaba extraña la poca efectividad demostrada del esomeprazol respecto a su exagerado precio, creía que el caos de la familia de estatinas escondía algo y lo mismo con los inhibidores selectivos de la COX-2. Si nos falta información sobre los fármacos que alguien esconde a propósito, es difícil que nos podamos beneficiar de ellos como nos gustaría. 


Este libro también aporta a lo largo de sus páginas posibles soluciones que se podrían tomar para resolver estos flagrantes problemas. Pero el problema es de los gordos: no bastaría una solución en la regulación de los ensayos clínicos publicados de ahora en adelante, sino que debería tener efecto retroactivo. Y es que ahora mismo, no podemos estar muy seguros de cuáles son los fármacos que realmente funcionan, porque no sabemos hasta que punto la información publicada al respecto está sesgada.

Si estáis particularmente preocupados por el escándalo de todos los ensayos clínicos que no han visto la luz y, por tanto, constituyen una mala praxis que en último término afecta negativamente a la salud de todos nosotros como potenciales pacientes, os animo a firmar en esta dirección: alltrials.


Ahí tenéis otra charla (en inglés) de este fenómeno, precisamente hablando de este tema y mencionando de forma somera algunos aspectos que se desarrollan en esta lectura. Yo ya me declaro fan suyo incondicional. Reitero lo de que todo el mundo debería leer este libro, ahora en letra pequeña para no cansar al personal.

Por último, otro pensamiento me asalta al acabar de leerlo: "¡Qué valor tiene este hombre de contar todo esto! Pese a su desparpajo... ¿no tomarán represalias las farmacéuticas y los demás implicados contra él?" 

No lo sé.

Lo único que sé es que gente como él nos hace falta para dar transparencia a este mundo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Cada vez que bostezo, tengo un orgasmo, doctor

Una entrada más divertida de lo habitual, para que os echéis unas risas.

En 1983, en un artículo de la Canadian Journal of Psychiatry, tres psiquiatras informaban de un curioso efecto secundario que sufría una pequeña proporción de pacientes en tratamiento con el antidepresivo tricíclico clomipramina. No sabían explicar a qué se debía. Pero esos hombres y mujeres en tratamiento habían asegurado que, cada vez que bostezaban, sufrían un orgasmo.

Aquí van tres de estos peculiares testimonios:

- Una mujer "admitió tímidamente que esperaba seguir tomando clomipramina a largo plazo". Contó también que podía autoinducirse orgasmos bostezando siempre que quisiese.

- Un hombre se vio obligado a llevar permanentemente un condón puesto, en caso de que en el autobús se encontrase con alguien que al bostezar estimulase que él lo imitase.

- Una mujer de mediana edad hospitalizada solicitó que le quitasen la medicación, porque en el ambiente hospitalario no había manera de que ella resolviese satisfactoriamente sus "ansias sexuales irresistibles".

El efecto adverso tenía una incidencia muy baja, y los psiquiatras pensaron con acierto que si no se había sabido antes era por la vergüenza que sentían los pacientes de contarlo. Pero a pesar de la rareza del efecto, este caso suscitó, como ya os podéis imaginar, muchas llamadas telefónicas y un revuelo curioso en torno a la comunidad psiquiátrica.

Un año más tarde otros científicos ofrecieron una explicación al respecto: "El aumento de los niveles cerebrales de serotonina producidos por el fármaco pueden estimular la secreción de factor liberador de corticotropina (CRF) en el hipotálamo. El CRF puede activar mecanismos que inducen los dos  patrones de comportamiento descritos por los pacientes, es decir, bostezar y la respuesta sexual espontánea".

Las confesiones de esos pacientes permitieron detectar uno de los efectos secundarios más curiosos jamás descritos para un fármaco. Sólo espero que después del descubrimiento no le quitasen la medicación a quienes disfrutaran de ello.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Las serendipias pasan, aunque no existan












Serendipia es una de mis palabras favoritas, que uso desde que la descubrí hace unos años. Pero hoy me he enterado de que no existe, para mi sorpresa.

Lo he leído en una carta enviada por un lector al periódico británico The Guardian. En el artículo, George Mills describe que, de no ser por una reunión abierta al público que los miembros de la RAE mantuvieron hace poco discutiendo este término, no se habría enterado de que la palabra en cuestión no existe en castellano; y yo tengo que decir que de no ser por este señor yo tampoco me habría enterado de este hecho. Esto podría ser en sí una serendipia.

Serendipia describe un descubrimiento fortuito, no esperado, pero que resulta ser de gran interés. Es un término muy usado en ciencia porque algunos de los grandes hallazgos de este campo se han producido de esta forma. Sin ir más lejos, el descubrimiento de la penicilina por Fleming o el principio de Arquímedes serían ejemplos de serendipias. También podéis encontrar una anterior entrada mía que entraría dentro de esta denominación: la molécula de Clara Lazen. Sin duda son historias curiosas que nos demuestran que la suerte es a veces un factor importante dentro del avance de la ciencia, pero siempre debajo del papel importantísimo que juega una mente lúcida al saber interpretar esos sucesos. (Por cierto, también es un término aceptado en literatura para describir a autores que describieron en sus textos acontecimientos o inventos muy anticipados a su tiempo y después se confirmaron, como las novelas de Jules Verne)


La palabra existe en inglés: Serendipity. Sin embargo, la RAE no ha incluido aún la palabra 'Serendipia' en el diccionario. Aunque el término en sí sería equiparable a accidente o casualidad, no es del todo correcto aceptar estos términos para denominar a esos peculiares hallazgos científicos, porque accidente y casualidad no explican en su significado la trascendencia posterior positiva de aquello que ha sido descubierto. 


Es triste, pero lo más cercano que tenemos al significado real de serendipia es la palabra castellana "chiripa", (txiripa en Euskara) que en su segunda acepción y en un contexto coloquial lo define como casualidad favorable. No obstante, "ciencia descubierta de chiripa" no suena para nada profesional, por lo que quiero desde aquí reivindicar que la RAE incluya serendipia en el diccionario. Un término elegante, adecuado a su significado y que suena bastante agradable, ¿verdad?

martes, 20 de noviembre de 2012

Yo sí sé contar manifestantes

La ciudadanía está cansada ya de la absurda batalla de cifras que las dos partes de una manifestación mantienen siempre. Como ambos quieren presentar la causa a su conveniencia, no dudan en inflar o desinflar  mediante la regla hipérbole el número de manifestantes, de forma que podemos asistir a espectáculos de difícil credibilidad como el conteo de personas asistentes a la manifestación del 14N: el Gobierno esgrimía 35.000 contra los cerca de dos millones que estimaban los sindicatos. Aunque ambos tiran para su campo, quizá viendo esta imagen os quede más claro quien llevaba más razón.


La pregunta que todo el mundo se hace es: ¿es puro cachondeo o es que realmente es difícil contar personas en una manifestación? ¿Se puede hacer informáticamente de una forma fiable? El País publicaba en sus páginas del 18 de Noviembre de 2012 un artículo muy interesante sobre esto, donde podéis encontrar algunas aclaraciones respecto a estas dudas. 

Por mencionar algunas cosas, claro que es posible hacerlo por ordenador: captando planos distintos de un mismo segundo y haciendo una estimación; aunque en el exterior el ordenador tiene problemas para discernir personas de árboles o farolas y tampoco cuenta gente detrás de pancartas, pero se le puede ayudar "manualmente" y obtener unas cifras bastante aproximadas. 


Una frase divertida que apunta un sociólogo es la de "manifestaciones de un millón hay muchas" debido a que el millón es una cifra que impacta mucho psicológicamente. También comenta, muy interesantemente, que la única manifestación en la que el Gobierno atina un poco (son miles de manifestaciones las que van en el año, así que no es un gran mérito atinar una) es la de la Diada independentista de este mismo año. Advierte también del peligro por parte del Gobierno de menospreciar estas manifestaciones tirando los números a la baja, peligro que corren de que las manifestaciones se radicalicen.

Pero yo paso de meterme en bailes de números. No es necesario. Hay una forma sencilla de estimar un número elevado de personas, animales, árboles o lo que sea que se precise contar. Por eso me gustaría compartirla con vosotros. Enrico Fermi, físico italiano del siglo XX, ideó un método para hacer estimaciones basadas en potencias de base diez (10n), y se hizo famoso demostrando su habilidad de estimación rápida de diversas causas a ser contadas. 

Cualquiera de nosotros, con un poco de práctica en visualizar grupos de personas, podría estimar si más o menos ceros en la cifra que va a dar acerca de su cantidad: si hay 1.000, 10.000 o 100.000 manifestantes, o quizá lleguen a 1.000.000 de ciudadanos. Es sin duda un proceso simple que ya nos pone en situación de una realidad más objetiva sobre la cual podemos seguir elucubrando. Si decidimos que a nuestro número le corresponden 5 ceros, partimos de que hay x00.000 personas. Seguimos jugando para calcular qué numero es x, ya con menor capacidad de acertar, pero tampoco es lo mismo decir que son 200.000 que 800.000. 

Pasad de mis explicaciones y ved este vídeo, mucho más claro:


Sin duda, si usáis este método y os ponéis a reflexionar un poco, no lo haréis nada mal. Y confío mucho más en vuestra capacidad para calcular una cifra rápida y aproximada que cualquiera que opina de viva voz en los medios.