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martes, 9 de agosto de 2016

¿Una destrucción consciente?


Antes de que el lector se sumerja en esta entrada, quería aclararle que yo soy un joven más. Un joven moderno que ha hecho algunas de las cosas que aquí se detallan. Sí, yo estoy también en esto, pero llevo tiempo preocupado y quiero elaborar una reflexión crítica que sirva a nuestras generaciones.

Cuando en España la tasa de desempleo juvenil ha bailado un lento y agónico tango sobre la mitad del colectivo, surge entre los jóvenes el desánimo colectivo. 

Para cualquiera que tome unas cañas con sus amigos, la charla acaba derivando más temprano que tarde en la mala situación laboral, bien porque afecte directamente a integrantes del grupo o a conocidos. Se encadenan entonces críticas al modelo educativo, a las decisiones de gobiernos y empresarios, a la iniciativa social... Menos mal que el amargor dura poco (al fin y al cabo la cerveza se concibe para el disfrute), y el buen humor se entromete y arrastra lejos ese tema para hablar de anécdotas divertidas y de planes prometedores...

Hay algo de lo que se habla menos. La culpa siempre parece de otros. Es más difícil observar que los delgados hilos de la responsabilidad pueden empezar a tejerse en las manos de cada una de nuestras irreflexivas decisiones. Quizás algunos construyamos con paciencia y desconocimiento una sofisticada trampa que puede asfixiarnos dentro de poco tiempo.

Me gustaría llamar la atención sobre muchas de las alternativas al ocio que existen hoy en día, en gran medida facilitadas por el avance tecnológico. No daré nombres de algunas de estas aplicaciones, porque creo que todos las tenemos en mente. Durante las vacaciones, muchos han viajado a lugares lejanos y han alquilado habitaciones de un particular que las oferta en una página web. Desde luego, no se han generado muchos puestos de trabajo en la hostelería gracias a ese acto. Así como tampoco habrá ayudado a los trabajadores de autobuses o trenes haber compartido un coche con un desconocido para realizar el trayecto.

También afecta a la compra de cada día. Hoy en día es posible adquirir una gran cantidad de artículos a través de la red, muchos de ellos podríamos conseguirlos en tiendas locales que cada noche temen cerrar la persiana para siempre. Preferimos comprar comida de menor calidad a un bajo precio que pagar su justo valor en otro establecimiento, tras habernos deslomado montando un mueble para ahorrarnos lo que hubiera costado la integridad del servicio. La cesta de la compra ya no la controlan las manos de una cajera de supermercado, sino que nos agolpamos en torno a una máquina que sustituye al toque humano.

Cierro con una reflexión. Hace ya unos años, fui peregrino del Camino de Santiago. Durante un tramo especialmente duro mis cansados pies soñaban con pisar tierra, ya que hacía medio kilómetro que recorríamos un suelo de piedras desordenadas que torturaban el andar. Y se me pasó por la cabeza la idea de que yo solo poco podría hacer, pero si cada uno de los que pasábamos por allí retiraba una piedra del camino, el tramo sería más agradable para todos.



jueves, 19 de septiembre de 2013

Violencia y cambio climático


Hace ya algunos años, mientras leía en el libro Química Ambiental de Colin Baird sobre las posibles implicaciones del cambio climático, encontré algo curioso. Aparte del bien conocido riesgo de elevación del nivel del mar o del advenimiento de temperaturas extremas, en el texto se afirmaba que había indicios para creer que la criminalidad aumentaría. Se comentaba que había estudios que relacionaban la violencia generada por humanos con el aumento de temperatura.



Es un hecho que me había parecido curioso pero no le di mucho más crédito, hasta que hace unas semanas lo volví a ver. Esta vez en la prensa (BBC, Clarín). Se hablaba de un vínculo importante entre violencia y el cambio climático, en un estudio de un equipo de científicos de la Universidad de California que ha aparecido en la revista Science. Para ello ponen como ejemplo varios conflictos que se han visto aumentados en los últimos años y donde ha habido un incremento notable de la temperatura, tales como la proliferación de choques étnicos en Europa y guerras civiles en África, crímenes durante el año pasado en EEUU, sequías en India que ocurrieron a la vez que varios casos de violencia doméstica... Los investigadores declaran que a priori los datos ya sugerían un comportamiento por el estilo, pero que las sospechas quedaron confirmadas al realizar una estadística en toda regla.


Se sugieren dos posibles hipótesis que expliquen el comportamiento. Por un lado, el aumento de temperatura puede producir sequías, con la consecuente escasez de recursos que conlleve a las poblaciones a migrar y a que se puedan producir choques violentos por invasiones, ocupaciones o aglomeraciones. Por otro, también apuntan a que puede existir un componente fisiológico, mediante el cual las conductas humanas se vuelven más agresivas en presencia del calor.

Las investigaciones aún deben esclarecer los verdaderos motivos que expliquen esta relación. Pero la evidencia resulta inquietante, más aún si tenemos en cuenta que vendrán más y más grados...

miércoles, 24 de julio de 2013

Las alertas del Whatsapp y el conductismo

No me acuerdo exactamente en qué lugar fue, pero hace un par de semanas leí un artículo que relacionaba el conductismo con nuestra forma de mirar compulsivamente el smartphone. Pido perdón por no poder referenciarlo correctamente.

El conductismo ha sido y es un pilar histórico importante de la Psicología. Skinner (1904-1990) fue uno de los expertos que más activamente contribuyó a sentar las bases prácticas de esta teoría e incluso demostró muchísimas de esas hipótesis de una forma impecablemente empírica. El conductismo sería largo de explicar en condiciones y no soy ningún experto en la materia, pero básicamente es un enfoque de estudio de la conducta humana a base de premios y castigos sobre los sujetos. 

Skinner descubrió la fuerte influencia de los refuerzos positivos (recompensas) o negativos (castigos) a la hora de llevar a cabo ciertas tareas entre los sujetos involucrados en sus experimentos. Fue capaz incluso de esquematizar nuestros comportamientos de una forma muy simple: actuamos para obtener el refuerzo positivo, placentero, y esquivamos el refuerzo negativo, doloroso. Llegó incluso a conseguir que animales como las palomas adquiriesen y demostrasen comportamientos complejos, a la hora de resolver problemas o jugar a juegos complejos, simplemente poniendo en juego esos premios, los cuales perseguían las palomas.


El premio hace que sigamos una conducta para conseguirlo. Sí. Pero observó algo mucho más interesante. Veamos lo siguiente: supongamos que una paloma encerrada en una jaula tiene ante sí una máquina simple. Lo único que está a la vista es una palanca y un agujero. La paloma, tras aburrirse mucho en la jaula picotea la palanca y descubre que al pulsar la palanca, aparece en el agujero una porción de comida. Y cada vez que repite, mismo resultado. A 10 usos de la palanca le corresponden 10 bolitas de alimento. La paloma se engancha a darle a la palanca y a comer el resultado.

Y aquí está la gracia de lo que descubrió Skinner: si en vez de correlacionar 10 pulsaciones de la palanca con 10 bolitas de comida creaba un resultado no tan favorable, ocurría algo sorprendente. Ahora la máquina no desprende comida siempre que se tira de la palanca, sólo a veces, y no se sabe cuando ocurrirá, no es algo fijo. Pongamos que cada 10 veces que la paloma pica la palanca, solo 2 obtendrá comida.

¿Resultado? Las palomas se engancharon muchísimo más que antes, que cuando obtenían algo seguro. La incertidumbre era muchísimo más adictiva que la seguridad.

Y ahora: una imagen. Aquellos que miran compulsivamente la pantalla del móvil para ver si hay un nuevo mensaje de Whatsapp, o un mail, o una alerta de Facebook. No siempre hay alguna alerta en la pantalla, pero siguen probando sin rendirse...

Gracias a Skinner, me paro a pensar que las ideas de Skinner tienen muchísimo que ver con nuestra conducta. Quizás seamos muy simples en todo. Aunque asusta pensarlo

miércoles, 3 de julio de 2013

Los vecinos, en un cajón



El otro día tuve la ocasión de oír la opinión de una psicóloga sobre la convivencia vecinal en los bloques de pisos. Las palabras que pronunció al respecto me parecieron tan poco usuales que quería compartirlas en este espacio.

Señaló con gran acierto que varias de las discusiones e incomodidades de vivir en pisos proviene de la extraña estructura en la que se disponen sus habitaciones, lo cual da lugar a roces que se hacen del todo inevitables.

"Es normal que la gente no se acostumbre a una radio que suena arriba o un vecino que canta de forma estridente tras la pared del baño. Después de todo, esa no es forma para que el ser humano pueda vivir tranquilo. ¿Alguien puede concebir como normal que las personas vivan encajonados, en una especie de cómoda gigante? "

En ese sentido, no deja de ser irónico que nuestros bloques de pisos sean muebles que nos contienen, a la vez que nosotros los amueblamos a nuestro gusto. Sé cual es la primera objeción que se le puede hacer a esta exposición: el espacio. Comprendo que quizás no haya sitio para todos y hemos tenido que recurrir a vivir amontonados con mayor o menor suerte. 

Por ello, no hay mucho más que podamos hacer al respecto, o al menos, no hasta que los arquitectos del futuro diseñen viviendas flotantes. Pero seguro que alguien entonces echaría de menos vivir tan apartado del resto de la vecindad...

miércoles, 5 de junio de 2013

Reinventando el empleo

Hoy he acudido a un acto llamado "Houston, tenemos un problema. ¡Reinventemos el empleo!" conducido por el inigualable Iñaki Gabilondo. También han asistido algunas personalidades políticas y relevantes en el campo económico y universitario.

Pero lo destacable en este evento ha sido la participación de los jóvenes, que también estaban en el escenario para contarnos su experiencia. Al fin y al cabo, el propósito de este encuentro era reflexionar sobre la situación de paro juvenil dramática y aportar soluciones. Cada uno de los asistentes interpelados ha dado su punto de vista, tanto personal como más general, para intentar aportar su granito de arena a la difícil situación que nos ha venido encima.

Ha habido, por tanto, soluciones para todos los gustos. Pero han quedado unas cuantas cosas claras, compartidas por la mayoría de los ponentes, que me gustaría recoger aquí:

1) Hay que cambiar el modelo económico y político. Es algo que siempre se dice, sí, pero es necesario. Vamos ya hacia algo distinto, pero está en nuestra mano la sociedad que vamos a modelar.

2) Emigrar está bien.... pero la experiencia que se adquiera allí sirve de poco a la hora de encontrar aquí un empleo. Son ambientes muy distintos, y uno puede venir cargado de experiencias muy motivadoras que no se pueden llevar a cabo aquí porque no existe ese tejido laboral tan específico. Habrá que crearlo, sin duda.

3) Basta de la economía "de casino" y vuelta a la economía real. Lo cual pasa por un importante empuje de la industria, apoyada en la tecnología, y nuevas formas de servicios. En cuanto a la tecnología, hay que ir delante de ella, lo cual requiere mucha más formación.

4) La vida laboral es impredecible. Varias personas de renombre han contado cómo fue su primer empleo, trabajos bastante inverosímiles dada su situación actual. Así es: la vida le va llevando a uno... Hay que aprovechar las oportunidades.

5) Falta una gran conciencia social en cuanto a temas importantes. En especial, hacia la educación, hacia la ciencia y al sistema de impuestos como motor social. Si no somos capaces de reconocer lo que nos benefician estos tres elementos, puede ser difícil construir una sociedad futura estable, y no sólo laboralmente hablando.

Me dejo muchos otros puntos, porque han sido muchas las ideas. Sin embargo, he echado en falta el "¿cómo?". No ha habido propuestas viables en la actualidad del país, sólo una persona ha habido claramente del problema capital que supone la falta de crédito y ha aportado alguna dirección al respecto. También ha faltado empuje a la hora de animar a los emprendedores.

En resumen, ha sido un acto complejo, donde se han querido abordar muchas dinámicas y puntos de vista, muchas voces volcadas en el drama del desempleo juvenil. Quizá la disparidad de los temas abarcados ha desembocado en que algunos aspectos hayan quedado fuera del debate, pero sin duda ha sido una reunión agradable y muy completa dada su relativamente corta duración.


martes, 14 de mayo de 2013

Coffee world

"A veces me pregunto cómo nos verán las generaciones futuras. Imagino que habrá tours para visitar los inicios del s. XXI, donde los niños recorrerán las fidedignas recreaciones de nuestras calles, cómo no, adornadas de Costa Coffee, Caffe Neros y Starbucks y aprenderán de 'La Gran Locura del Café' que vivieron sus ancestros" comentaba una jocosa Harley Freeman, columnista del diario The Guardian.

A nuestro país aún no ha llegado la fiebre del café para llevar - aunque está empezando con fuerza en algunos puntos - pero en otros países es algo digno de ver. Envases de café desbordando las papeleras, somnolientos bebiendo café en los autobuses con galleta gigante incluida, colas que salen de los establecimientos y se confunden con las del autobús... Esta situación, casi kafkiana para el extranjero que allí aterriza pero muy cotidiana para sus habitantes, puede llegar a convertirse en un referente clave para entender este periodo. Freeman da en el clavo.

No es un tema baladí: el consumo de café tan extendido durante las últimas décadas ha convertido a este producto en uno de los más valiosos a nivel mundial, moviendo sumas desorbitadas de dinero cada año.  Las grandes compañías, pero también las cafeterías pequeñas, han sabido aprovecharse de este negocio con una oferta arriesgada de precios abusivos que ha funcionado increíblemente bien. La moda del vaso para llevar, con café y algún añadido, incluido así como un elemento más de la vida moderna, resulta apasionante.

Como curiosidad adicional, debo comentar que hay negocios que están dirigidos a la venta exclusiva de café para consumir de pie. He visto con mis ojos establecimientos que apenas disponían de dos mesitas en su interior y eran prácticamente una barra dispensadora de cafeína en vasos de cartón para el paseo. Una apuesta por lo que se ve bastante segura.


No sabría decir qué me llama más la atención de todo esto, si el consumo tan desenfrenado de café o el hecho de consumirlo para llevar. Yo también me apunto cuando puedo a la moda de llevar el café mientras voy andando, es algo irresistible y que te hace estar acorde con el paisaje. Y el café está delicioso, no vamos a negarlo.

Pero cuando tiro el envase a la papelera, no puedo evitar pensar que nos están robando el tiempo. Que el café que he consumido mientras caminaba a las clases o esperando en la parada no puede para nada sustituir al café que me tomaba en compañía de otros alrededor de una mesa y sin preocuparnos del tiempo que pasaba ni de lo que vendría después. Ahora el café es de entretiempo, para llevar, para no dejar recuerdo.

No sé qué conclusión sacarán los niños del futuro, no me importa mucho que pienses que éramos adictos a la cafeína.

Pero me preocupa que piensen que nos dejáramos robar el tiempo....


martes, 30 de abril de 2013

6.202.700

Hala, así sueltan el número, como diciéndonos, "es lo que hay".

Parece que a los que están arriba no les afecta mucho. Al fin y cabo, ellos se mueven entre números grandes, ¿se me entiende? El déficit, el PIB... todo se mide en cifras escandalosas. Digamos que están acostumbrados, incluso anestesiados, ante las grandes cifras monstruosas. Una cifra más en el cuaderno, eso es lo que será para ellos. "Ahora que es, ¿desempleo? Dámelo que ya lo sellaremos"

A nosotros, los de abajo, nos parece demencial. No solo la cifra obscena, también ese comportamiento por parte de los que proclaman la Primitiva del empleo y en la cual el premio gordo nos toca siempre a nosotros. 

Y es que 6.202.700 personas son una locura. Pero no las pongamos todas juntas, porque los números tienen esa falsa dimensión de aglutinar realidades hasta que parezcan menos terroríficas. Tampoco me gusta que a estas desgraciadas personas, que no han buscado ser un número tan grande, las metan en estadios de fútbol y que digan que salen unos 38 campos llenos de gente. Cómo nos metamos a pensar en fútbol otra vez no salimos de aquí.


Me gusta un poco más cuando las ponen en fila india, una detrás de otra, y llegan hasta Moscú. Y es que son 6.202.700 personas. Menuda imagen, ¿no? Paralizando Europa entera, cruzando calles y ríos... Y cada uno llevando un párrafo con una pancarta en la que describan sus terroríficas situaciones.  Pero lejos de amedrentarles con este poder de reunión, de personas unidas que recorre el continente y lo sobrepasa, a los de arriba este tipo de figuras geométricas solo les parecen divertidas, como mucho. Y las pancartas no las leerán, si es que para qué molestarse.

Pero lo chocante está precisamente ahí, y no en hacer conjuntos o cifras. Uno a uno, cada uno por separado, cada uno con su historia: esta es una tragedia de dimensiones pavorosas. Solo pensando de uno en uno, uno se da cuenta de lo que incluso podríamos llamar genocidio laboral, de que detrás de cada persona hay una vida, una dignidad, hambre, hijos o una hipoteca. O mucho más. Y ese poder, el individual, puesto uno tras otro, puede multiplicar la desgracia hasta hacer que las cifras y los campos de fútbol se queden cortos.

Los de arriba no apostaron a ese número, no les parece cercano porque tampoco les parecen cercanas esas situaciones. Los de arriba ya se olvidaron de vivir como se vive abajo.




miércoles, 13 de marzo de 2013

Venimos de un incesto galopante

Una reflexión que a algunos les escandalizará y a otros les hará sonreír...

Vamos a pensar en tus antepasados, recorreremos la historia de por qué estás aquí, ¿de acuerdo? * Si te das cuenta, todos los humanos, como tú y como yo estamos aquí gracias a un intercambio cromosómico entre dos personas: hombre y mujer. Vamos a contar el cuento de tu vida hacia atrás...

- Tú como ser humano eres fruto de la unión de tus 2 padres. 
- A la vez, ellos provienen cada uno de otra pareja, por lo que tienes 4 abuelos. 
- De esos abuelos se deduce que tienes 8 bisabuelos.
- 8 bisabuelos que nacieron gracias a tus 16 bisabuelos.

¿Ya lo ves, no? A cada paso que damos hacia atrás: número de antepasados = 2n. Efectivamente, esa n del exponente es el número de generaciones que contamos desde la tuya hacia atrás, y cuanto más grande se hace n, el número resultante es mayor. 

- Fíjate, hace 10 generaciones, tuviste que tener 210 = 1024 familiares en esa generación, 1024 tatara-tatara...abuelos.
- Hace unas 20 generaciones, nos dan 220 = 1.048.576 personas. Muchos como para juntarlos en la cena de Navidad, ¿no?
- Y si nos vamos unas 60 generaciones atrás, allá por la época de Jesucristo, 260 son los antepasados que se juntaron para acabar creando a toda tu posterior familia. El resultado es de, bueno, no lo voy a escribir pero son más de un trillón de personas. 

Ese último resultado no es posible, teniendo en cuenta que ahora mismo hay en la Tierra 7 mil millones de humanos y no va a haber recursos para muchos más. Un trillón de personas a la vez nunca llegaron a existir. ¿Qué te quiero decir con esto? Nuestros antepasados se han reproducido mucho unos con otros para hacer posible que estés aquí. No había un trillón de personas hace 2000 años, pero si billones de intercambios cromosómicos entre unos pocos (algunos participarían de la reproducción mucho más que otros, seguro).

De manera que eran muchas menos personas mucho más relacionadas ente sí. Si a este hecho le sumamos que antes no había tendencia de viajar tanto como no es posible ahora, es casi seguro que muchas de estas relaciones sexuales fructíferas tuvieran lugar en zonas geográficas muy próximas. 

Es decir: que provenimos de relaciones muy endogámicas, por no hablar de lo que podría ser un incesto galopante. Eso implica y explica que todos compartamos tanta semejanza en nuestros genes. En el fondo, todos los seres humanos somos una gran familia unida, eso suelen decir, pero creo que ahora te he convencido de que lo somos mucho más.

*Una adaptación de un ejercicio interesante de Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson

martes, 5 de marzo de 2013

Esa dimensión distinta de la realidad

La realidad es la misma para todos, pero tiene dos dimensiones muy distintas: una es la que te cuentan, la otra es la que vives.


I) La primera dimensión de la realidad, la que te cuentan, es más fácil de sobrellevar. Es la que percibes por los medios de comunicación que te bombardean a diario y desde todas las esquinas. Cifras del paro que aumentan sin toparse con un techo, fotos de gente que busca comida en los contenedores, miles de desahucios en los que familias pierden un trozo de su vida.... 


Son noticias que se disparan a tal velocidad que te saturan la mente, se acumulan gota tras gota y pueden llegar a hacerte sentir realmente mal. Pero, si le pones esfuerzo y te falta sentido de humanidad, puedes apagar la radio, la tele y dios sabe cuántas cosas más para salir de ese mundo. Y se para.


II) La otra dimensión de la realidad, la que vives, es bien distinta. Es cuando sales a la calle y pasas por el Inem y ves que hay una cola muy larga y que incluso te encuentras con conocidos en ella, es cuando ves que el contenedor donde tiras la basura cada día está siendo explorado por alguien ¿mi vecino? con cara de desesperado, es cuando ves a Stop Desahucios movilizándose en tu zona...


Es cuando ves a todos ellos y pensar que mañana puedes ser tú el implicado, si es que no lo eres ya. Esta realidad crece de forma exponencial y pierdes la cuenta. Y lo verdaderamente particular de esta realidad es que de ella no se puede desconectar, no se detiene ni un momento.

¿Y tú, en qué dimensión vives? Realidad sólo hay una.


lunes, 25 de febrero de 2013

¿Hay libertad en esta democracia?

los vínculos

El otro día estuve repasando una definición para libertad en Filosofía. Definía la libertad como la posibilidad del ser humano de elegir, aceptar e iniciar vínculos.

Esto puede resultar difícil de comprender al principio y hasta casi paradójico: ¿la libertad no es lo contrario del compromiso? ¿Cómo puede ser uno libre si se compromete a realizar algo, si se esclaviza en una decisión?

Sin embargo, tiene mucho sentido. Uno es libre para elegir, pero... ¿para elegir qué?


La libertad se completa cuando se plasma en una elección en la que se cree y en la que se pone esfuerzo por mantener, por reforzar un vínculo que se ha elegido libremente con sus consecuencias. La libertad se ejerce día a día en todos los ámbitos y no por ello nos resta autonomía: se pone en marcha desde cuando compramos algo hasta cuando elegimos con quien pasar la siguiente hora tomando un café. De hecho, romper con un compromiso es también aceptar otro vínculo (el de romperlo). Lo importante es que cuando uno es libre para elegir, iniciar y aceptar el futuro, lo hace mediante la autonomía propia del ser humano y en base a las consecuencias que él sabe que se va  a encontrar más adelante, pero que ha decido aceptar.

Todo esto me lleva a aplicar la definición al sentido de la democracia que tenemos hoy en día. Nadie puede poner en duda que la posibilidad de votar distintas alternativas es un signo de libertad para el ciudadano.


Pero nuestro análisis no se puede quedar ahí, porque si no avanzamos en el razonamiento no vemos la trampa. Tenemos que preguntarnos qué hay detrás de esa decisión, de ese vínculo que establecemos con el potencial partido que nos gobernará. Y no tenemos más pistas que sus antecedentes o su programa electoral. Pero si aquellos que resultan ganadores actúan de forma distinta a lo que prometieron, porque dicen que no hay alternativa, porque no está en su mano decidir porque las decisiones vienen de los mercados, de la UE, de a saber donde; y estuviera el partido que estuviese se haría lo mismo... ¿qué pasa entonces?

Si no sabemos lo que hay al otro lado del vínculo que establecemos, no hay libertad. Si nos comprometemos a algo que no sabemos qué va a ser, no hay libertad. Si yo elijo una alternativa de entre otras 200 pero no sé a ciencia cierta que hay detrás de ninguna, no hay libertad. Simplificando mucho: si me dan a elegir pero me vendan los ojos, no soy libre.

Es así de simple. Por eso esto que vivimos lo podemos llamar como queramos pero, ahora mismo, no es libertad ni es auténtica democracia.

viernes, 15 de febrero de 2013

Ni al cine se puede ir tranquilo

El otro día fui al cine. Sé que me diréis que no está la cosa como para ir al cine, que es muy caro y la crisis aprieta. Pero las salas también sufren la crisis, así que fui a ver si tanto el cine como yo podíamos dejar de lado la crisis durante unas horas.

¿La película? En mi billete ponía "España" Sala 20 butaca 13.

Me sorprendió ver que la sala estaba hasta los topes, me senté en las primeras filas, en aquellas en las cuales lo ves tan cerca que sientes como si casi te introdujeras en la película. 

El argumento no empezaba mal. Los paisajes eran incomparablemente bellos, las personas simpáticas y de gestos amables, mientras la banda sonora envolvía todo a la perfección...

Pero luego empezaba la acción. Los protagonistas, una serie de estrafalarios personajes trajeados y muy mala pinta, planeaban construir casas e infraestructuras como si pensaran en diseñar un estado entero dentro del que ya tenían. No me gustaron sus caras, parecía que en vez de ver ladrillo, solo veían fajos de dinero... Mala espina, pero es que uno ha visto ya muchas películas.

Y el bello paisaje se empezó a transformar... En Castellón construyeron un aeropuerto que se patrocinó sin aviones, pero porque era para las personas. Llenaron todo de kilómetros de AVE, digo yo que habría más que autopista. También lo llenaron todo de puentes blancos idénticos, líneas de casas en el litoral, pueblos fantasma... Me recordó a mi hijo pequeño cuando le dejas que haga el Belén a su modo: pone lo que es del Belén pero también las casas de todos sus muñecos. El resultado era igual de esperpéntico.

Me empezaba a revolver en el asiento.

Paralelamente, había otro aspecto en el que fijar la vista: el reparto del presupuesto, que pasaba de mano en mano de forma vertiginosa. Hasta un matemático hubiese perdido las cuentas, fíjese. En Andalucía unos se llevaban parte del presupuesto y, tan tranquilos, se lo gastaron en su indecencia. En Catalunya a cada minuto pillaban a alguno con dinero negro. Salían hasta los Pokémon con los que juegan mis hijos. Tampoco me gustó ver que el yerno del Rey se lo llevaba fino, no me lo esperaba. Lo último que vieron mis ojos fue a un tesorero hacía gala internacional y dejaba el dinero en Suiza, a la vez que revelaba unos papeles que ponían en jaque a todo el país.

En ese momento, ya me harté. Me negué a ver el final. Me levanté del asiento y en la oscuridad vi que las caras del resto de asistentes eran de auténtico terror ante el visionado de la cinta. Salí por la puerta de emergencia y pillé por banda al chico que atendía en la taquilla, que estaba distraído en el pasillo.

- Me he metido a ver "España", pero es horrible. ¿No puedo ver otra película? 

- Las otras salas no son mucho mejores... - me comentó desanimado - "Grecia" ha recibido muchas peores críticas, y "Portugal" va de camino. Se ve que se lleva el drama hoy en día.

- ¿Drama? A mi me parece terror - respondí visiblemente indignado. - ¿Cómo deja alguien que se produzcan estas películas? ¿Quién puede poner el dinero para esto?

De repente, el taquillero me miró esbozando una sonrisa afilada y me replicó: 

- Lo peor, amigo mío, es que todo esto que ha visto y lo que no se imagina...

Hizo una pausa de esas que crean tensión y, tras un instante que se me hizo un mundo, terminó la oración:

- Todo esto lo paga usted con su dinero.

domingo, 27 de enero de 2013

La idea de Luna

Os dejo una historia encantadora y muy actual, narrada de una forma deliciosa por la guionista Alicia Luna (ver fuente aquí)


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Hola, soy Luna.                                                 Y estos son mis amigos

Y estoy aquí porque se me ha ocurrido una idea. Se la he contado a mi amiga Lucía que vive en Grecia y ella a todos sus amigos. Luego se la he contado a mi prima Lourdes que vive en Portugal y ella a todos sus amigos. Y ella se la ha contado a su amiga Nucia que vive en Italia, que también se la ha contado a todos sus amigos, y Nucia a su hermana Leire que vive en Irlanda con su padre, que también ha ido corriendo a contársela a sus amigos.
La idea es que nos quedemos quietos porque no nos gusta lo que está pasando en el mundo. Pero quietos, quietos. Cinco días quietos. Ni uno más ni uno menos. A todos les ha parecido buena idea y nos hemos quedado todos, todos... una, dos, tres y... ¡quietos!
Y entonces ha venido a verme un señor muy formal con traje y una tarjeta de un Banco que me ha dado una palmadita en la espalda y me ha dicho que si le digo a todos mis amigos y a los amigos de mis amigos que vuelvan a sus quehaceres me hace un super regalo. Yo le he preguntando a mis amigos si cojo el regalo y todos me han dicho ¡¡Noooooo!! El señor se ha enfadado un poco, ha fruncido el ceño, ha cerrado el puño como amenazándome y se ha ido. Luego han venido dos señores muy formales, también con traje y muy sonrientes. Me han enseñado una tarjeta donde decía Comisión Europea y me han invitado a ir a Bruselas con ellos para hablarle a todos los hombres formales con traje que trabajan con ellos. Les he preguntado a mis amigos: ¿Voy? Y todos se han quedado pensativos, pero al momento me han contestado que sí, que vayamos. Al oír esto los dos hombres formales con traje y sonrientes han tragado saliva dos veces.
Hemos decidido ir todos juntos con los dos señores tan formales a Bruselas. No parecen muy contentos. Se les ha subido y bajado la nuez en la garganta dos veces. Nosotros todos ya estamos caminando desde Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Y por el camino se nos han unido otros amigos de Francia, Bélgica y ese país que dicen que es tan pequeño tan pequeño que cuando buscas aparcamiento cruzas la frontera. Liechtenstein, me sopla mi amiga Sofía que siempre se lo sabe todo.
Cuando hemos llegado a Bruselas todos los señores formales con traje estaban esperando a que yo les explicara lo que queríamos, pero yo no llegaba a la tribuna, así que han tenido que traerme una banqueta. Y ahora sí. Ya les veo a todos. Y les he preguntado si eran ellos los políticos. Todos, todos han empezado a mirarse los unos a los otros y uno ha dicho: "Eso dicen". Y yo les he preguntado que si entonces eran ellos los que habían cerrado hospitales, echado a nuestros maestros, subido los impuestos y los que habían conseguido que mi padre no tuviera trabajo y mi madre no parara de hacer cosas aquí y allá para poder pagar el agua y la luz y que mi abuela pagara con su pensión nuestra hipoteca para que no nos echaran de casa. Entonces ellos han vuelto a mirarse los unos a los otros y de repente todos, todos, han señalado a dos de ellos que estaban sentados a un lado y tenían el logotipo de un banco en la solapa de sus trajes. Y estos, que solo eran dos, han cerrado el puño, fruncido el ceño y amenazado a todos los políticos. Así que les he preguntado a todos los demás que por qué les tenían miedo si solo eran dos. Y entonces los dos hombres de traje con logo de banco en la solapa han venido hacia mí con el ceño fruncido y todos mis amigos y los amigos de mis amigos que estaban fuera han entrado por las puertas, las ventanas y las paredes y se ha organizado un lío que cuando mi madre se entere nos deja a todos sin dibujos el finde. Pero es que mi madre, que siempre se entera de todo, ya estaba allí entre toda la gente y ha agarrado de los pelos a una mujer rubia y gordita de traje azul que decía cosas como "¡yo no quería! ¡ellos me obligaron!"
Total, que el padre de mi prima Lourdes ha vuelto a enseñar en la Escuela en la que trabajaba, mi madre ya puede tener vida y con un solo trabajo paga todas nuestras facturas y los findes se sienta a ver los dibujos con nosotros. Mi abuela se gasta su pensión en sus medicinas y como le sobra dinero nos hace regalos, así que han vuelto a abrir la tienda de chuches de la esquina. Y todos todos mis amigos y los amigos de mis amigos hemos vuelto a nuestros quehaceres. Y los señores tan formales de la Comisión Europea están al cuidado de que los señores del traje con el logo del banco en la solapa no salgan de la cárcel y me dicen que la señora gordita de azul y los pelos rubios sigue diciendo "¡yo no quería! ¡ellos me obligaron!" desde su celda de un hospital psiquiátrico.
Y colorín colorado este cuento del futuro cercano que me he inventado ya se ha terminado.
(Mi pequeño homenaje a Quino y su viñeta "Mamá ¿qué harías vos si vivieras?")
FIN                               
                                                                                                       " La idea de Luna" por Alicia Luna, Huffington Post, 26 de Octubre de 2012

Espero que como yo hayáis disfrutado de una amena lectura que nos enseña que las cosas pueden ser muy simples, si quisiésemos. Igual es que hay que volver a pensar como Luna.

lunes, 21 de enero de 2013

Los sobrecogedores

El Bárcenas-Gate perfila ya todos los elementos que no pueden faltar en una trama corrupta de envergadura. Apenas llevamos cinco días de escándalo, pero ya tenemos cuentas en Suiza, uso de la amnistía fiscal de Montoro, un señor que ya no es del PP pero recibe trato excelente de ellos y sigue disfrutando de los privilegios, 22 millones de euros, un despacho en Génova, un campo de limones de una dimensión de 3 veces la ciudad de Barcelona... 

Pero, por si quedara poco, Bárcenas declara que ha habido una financiación de dinero en B a dirigentes del Partido Popular durante unos 20 años, a la vez que empiezan a surgir clamores y testimonios que lo apoyan y que van en aumento. De ser cierto, numerosos sobres conteniendo cantidades de 5.000, 10.000 o 15.000 euros irían a parar a la mano de muchos integrantes del partido, de una forma mucho más cómoda que tener que declararlos a Hacienda. Dinero para llevárselo puesto. (No me deja de sorprender que ahora se le llame dinero en B, cuando de toda la vida es dinero negro. ¿Les sonará muy mal a los dirigentes llamarlo dinero negro?)

Y yo pienso...

Esta trama de los sobrecogedores, los sobrepagadores, el meconsta/nomeconsta, el pilla-pilla en Génova, la vida de un ex-tesorero con 22 millones de euros en sus cuentas (que, dicho en antiguo, ¡son 3.500 millones de pesetas! A saber qué hay que hacer en vida para recolectar eso...) y el amor por los montes de Suiza y los limones de Argentina... 

Toda esta película que suena a ciencia-ficción, tiene demasiado de realidad. Ya ha pasado muchas más veces ante nuestros atónitos ojos. Y ya es el colmo, oiga.

Esta casta vampírico-política, que hinca sus dientes más fuerte si puede sacar más dinero, y que ya que saca billetes le da alguno también a los compañeros, se tiene que acabar. Esto daña al contribuyente, al ciudadano, si lo prefieren. Daña a la política, a la imagen del país, a la esperanza y vaya a saber usted que más cosas, pero por extensión diré que daña a todo. Y estamos ya todos muy dañados con esta crisis como para que encima tengamos que enterarnos de estas corruptelas.


Y esto es grave. Decía Edmund Burke que "en un pueblo en el que se ha generalizado la corrupción, la libertad ya no puede existir". Yo no me lo quiero creer, yo no quiero ser esclavo de los sobrecogedores, de los EREs, del Urdangarín, de Camps, o de tantos otros casos flagrantes que pueblan nuestras altas esferas. Si tenemos que ser esclavos, seámoslo de nuestra humildad, aunque vivamos en la miseria.


Por eso le pido a los jueces, a los periodistas, a los políticos honrados que aún queden, a la policía y a quien me quiera escuchar que juntos denunciemos y paremos este avance disparatado de la corrupción. Este mal el peor de los males públicos, este mal que parece no querer cicatrizar todavía y quizás amenace con extenderse más a nuestras espaldas, debe enterarse de que vamos a poner todo lo que haga falta para frenarlo.

Quiero pediros que nos comprometamos a esto:

¡BASTA YA DE CORRUPCIÓN!


viernes, 18 de enero de 2013

El himno de los incumplimientos

Os dejo en esta ocasión un fragmento extraído de uno de mis programas favoritos de la radio, la sección de Todo por la Radio de la Ventana en la Cadena SER.

Se trata de una modificación de la conocida canción "No dudaría", de Antonio Flores.
Intercaladas en ella hay una serie de frases que os resultarán muy familiares.

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Dadle al play y relajaros (o enervaros) escuchándola. Tengo que confesar que a mí me hace tanta gracia esta versión que cuando suena esta canción sin retocar ya no me la puedo tomar en serio.

¿Que qué os voy a decir con esto? No hace falta decir nada.

Ainssss...




domingo, 13 de enero de 2013

Los políticos que pisaron la calle

No deja de resultar asombroso que, dentro de la vorágine de la crisis, la tercera preocupación de la población sea su clase política. Este llamativo hecho viene condicionado por el desprestigio que la clase política sufre y que va en aumento. La población se preocupa también en estos momentos de desesperanza de que sus dirigentes no tienen lo que hay que tener y dudan de su capacidad para sacarnos de esta.

Alguno podrá pensar que es por los casos de corrupción que salpican cada día los informativos. Sí, es innegable que parte de culpa sí que tienen estas tramas de ladronzuelos de cuello blanco que se están llevando crudo el dinero de los contribuyentes, nuestro dinero. Pero, aunque es importante, no creo que sea lo único. Creo que tras el descrédito se erige una opinión colectiva de que nuestros políticos están bastante alejados de la ciudadanía.

¿Por qué? No me gusta generalizar, pero creo que es posible pensar que esta casta política está muy incrustada en sus privilegios y se ha olvidado de gobernar por y para la gente. ¿A qué se debe?

Voy a hacer una comparación, porque creo que hay algo bastante distinto entre los políticos de hoy y los de, por ejemplo, la Transición y los años siguientes. A mi gusto, la Transición deja bastante que desear y son muchos los que protestan ahora por ello, pero eso lo vamos a dejar para otro día, porque lo que quiero no es fijarme en el proceso, sino en los protagonistas políticos. Peces-Barba, Fraga, Carrillo, Suárez y un largo etcétera. esta gente compartió la profesión de los que ahora nos representan, pero eran considerablemente distintos.

Creo que la diferencia no estriba en si tenían más o menos experiencia o estudios.

Aquellos políticos vivieron en tiempos difíciles: el horror guerra, la hambruna de la posguerra, organizándose en grupos clandestinos tras la dictadura... En definitiva, habían sufrido como cualquier ciudadano y eran ciudadanos casi como cualquier otro. Creo que eso daba muestra de la ejemplaridad de la política ejercida por unos individuos que enlazaban la profesión con el total conocimiento de la realidad.

Ahora ya no. Han pasado bastantes años y los nuevos políticos se han incubado entre algodones: han tenido una vida fácil hasta que han llegado a su puesto y desde él trabajan con un casi total desconocimiento de lo que tienen que gobernar. De otra forma, no soy capaz de explicarme ciertas políticas adoptadas por todos ellos a sabiendas del daño a la ciudadanía. Más que hablar con el ciudadano, les dan la espalda.


Ojalá no sea tarde para que aprendan de los políticos que pisaron la calle.